El 10 de octubre se celebra el Día Mundial de la Salud Mental 2021, lo que siempre es una buena oportunidad para analizar el estado de la cuestión y para recordar qué podemos hacer por preservar y potenciar la nuestra propia. UNICEF acaba de hacer público un informe según el cual 1 de cada siete adolescentes tiene un problema de salud mental diagnosticado, dato preocupante por lo que revela acerca de la situación actual de los jóvenes y por lo que puede acarrear para la sociedad del futuro cuando estos adolescentes alcancen su edad adulta si no se toman las medidas necesarias, tanto en el orden individual como en la agenda sociopolítica.

Hay muchos factores que influyen en nuestra salud mental, y no todos están en nuestras manos; pero hay una serie de pautas que sí están a nuestro alcance. En este artículo las vamos a presentar y en sucesivas entregas desarrollaremos cada una de ellas con más detalle. Desde luego, no son todas las posibles, pero sí son muy importantes, y suficientes para garantizarnos un bienestar emocional y mental.

1. Cuida tu alimentación.

Hace ya más de 2.500 años Hipócrates lanzaba una recomendación que hoy día se repite en muchos ámbitos: “Que tu alimento sea tu medicina y que tu medicina sea tu alimento”. Algunas pautas que se podrían sugerir hoy son las siguientes:

  • Mantener una alimentación equilibrada con la que se aporten al organismo todos los nutrientes básicos.
  • Consumir productos naturales y evitar la comida ultraprocesada y la que tenga muchos tratamientos artificiales.
  • Considerar la comida no solo como un acto de supervivencia, sino como una manifestación cultural: disfrutar los sabores, compartir el momento, agradecer que se dispone de lo necesario.

2. Practica ejercicio físico.

Los beneficios de la actividad física para la salud del cuerpo y del espíritu son incuestionables. En nuestro entorno es muy fácil encontrar infinidad de propuestas dirigidas a:

  • Desarrollar una actividad adecuada a nuestras características de edad, constitución física y objetivos vitales.
  • Seguir las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud para tener la garantía de que nuestras pautas están sostenidas por criterios científicos consensuados y  evitar caer en propuestas pseudomilagrosas. Son muy interesantes las “Directrices de la OMS sobre actividad física y hábitos sedentarios“.
  • Apoyarse, en la medida de nuestras posibilidades, en el uso de tecnologías que faciliten un seguimiento de nuestra actividad.

3. Descansa y duerme lo necesario.

Lejos de considerar el dormir una pérdida de tiempo, como algunos obsesionados por la productividad dicen, el descanso y el sueño son imprescindibles para mantenernos sanos física y mentalmente.

  • Descansar un mínimo de 7 u 8 horas en un lugar tranquilo, silencioso y alejado de estímulos que entorpezcan nuestro reposo.
  • Desconectar al menos dos horas antes de cualquier dispositivo que emita una perjudicial luz azul que dificulta el descanso.
  • Disponerse a dormir después de haber dedicado unos minutos a una breve clausura del día repasando lo sucedido en la jornada sin juicios y sin culpabilidades.

4. Fomenta la comunicación y la vida social.

Los humanos somos seres que vivimos en relación y solo nos desarrollamos plenamente a través de la socialización. Por eso merece la pena:

  • Mantener contacto real con las personas, y no solo la relación virtual a através de los nuevos medios técnicos de comunicación.
  • Potenciar el diálogo sincero y abierto, la escucha activa y la resolución de conflictos buscando el bien común.
  • Interesarse proactivamente y con honestidad por las personas que nos rodean, siempre respetando su autonomía y privacidad, y sin querer sacar provecho de la situación.

5. Gestiona tus emociones.

Aunque tradicionalmente no hemos sentido la necesidad de una educación sistemática y bien fundamentada de nuestras emociones, diríamos que recientemente hasta se ha puesto de moda. La gestión de las emociones se ha introducido en la escuela, en la empresa, en todo tipo de organizaciones y en la vida particular de cada uno. Es importante:

  • Aprender a reconocer, aceptar e integrar en la vida las emociones, sentimientos y pensamientos propios.
  • Apreciar el valor que cada una de nuestras emociones tiene para nuestro crecimiento personal. Es muy importante alejar todo sentimiento de culpa que nos pueden generar las que consideramos negativas, ya que todas nuestras emociones tienen una función adaptativa al entorno y son útiles para nuestra autorrealización.
  • Potenciar nuestras fortalezas para superar nuestras debilidades.

6. Mantén un propósito en tu vida.

Todos desempeñamos muchas y variadísimas actividades a lo largo del día, tenemos responsabilidades, proyectos, y hacemos lo posible por dar la mejor respuesta ante las circusntancias que nos toca vivir. Y sabemos que ante las mismas circunstancias unas personas reaccionan de una manera y otras de forma muy diferente. Nuestra actitud ante la vida depende del significado que demos a nuestras experiencias cotidianas. Esto tiene que ver con el sentido o propósito.

  • Cultivar la espiritualidad, que no tiene que ver necesariamente con la religiosidad. Todos estamos llamados a algo más que la simple supervivencia o una vida basada en el consumo, la acumulación de bienes o la conquista de poder.
  • Explorar qué podemos hacer para mejorar nuestra vida y el entorno que nos rodea, y generar hábitos para llevarlo a cabo.
  • Compartir con otras personas nuestras inquietudes éticas, sociopolíticas, artísticas, espirituales.

7. Procura dedicar un tiempo diario para ti mismo.

Aunque se trate de un tiempo en solitario, no es un tiempo para el aislamiento o el alejamiento de la realidad, sino para una mejor integración de tu vida diaria con tu propósito vital.

  • Al final de cada día, volver la mirada atrás para ver qué hemos aprendido y a qué podemos estar agradecidos.
  • Dedicar cada día un tiempo a algo que nos dé plenitud, que nos abra posibilidades, que nos permita dar lo mejor de nosotros mismos.
  • Al menos una vez a la semana, revisar si nuestras actividades y objetivos se ajustan al sentido que queremos dar a nuestra existencia.

8. Sal de tí mismo.

No es un movimiento contrario al anterior, sino complementario. La auténtica plenitud solo se puede lograr cuando uno deja de ser el centro del universo y pone su atención a lo que está más allá de sí mismo.

  • Estar atento a las necesidades de quienes nos rodean y procurar satisfacerlas sin invadir su espacio vital ni menoscabar su autonomía.
  • Cultivar la amistad desinteresada y la actitud de servicio.
  • Entrar en contacto con el entorno natural y medioambiental y con las manifestaciones culturales que estén a nuestro alcance.

9. Sé optimista.

El optimismo no se basa en la ignorancia de las dificultades y los problemas, sino en la convicción de que siempre es posible una respuesta que sume en lugar de restar posibilidades.

  • Confiar en las propias posibilidades de cambio que nos permiten abrir nuevas perspectivas y generar sentimientos, pensamientos y comportamientos que nos lleven en la dirección que nos hemos trazado.
  • Entrenarnos en valorar que cualquier situación en la vida despleiga ante nosotros múltiples posibilidades para el crecimiiento personal y para la mejora de las circunstancias.
  • Fomentar el hábito de aprender a lo largo de toda la vida: adquirir nuevas competencias, investigar nuevas expresiones de nuestra individualidad y estimular nuestra creatividad.

10. Pide ayuda.

Cuando se siente que uno no puede con todo, o que hay factores que afectan a nuestro comportamiento más allá de nuestra voluntad y que estamos lejos de recorrer el camino que deseamos, conviene pedir ayuda. Esto no es un signo de debilidad, sino al contrario, es un reconocimento de que nuestra vida no la construimos solos sino necesariamente en relación con los demás.

  • Dar a un amigo, a un familiar o a una persona próxima la confianza de que nos puede aportar lo que necesitamos en un momento de aflicción.
  • Acudir a la consulta de un especialista, ya sea un médico o un psicólogo, cuando se está padeciendo una enfermedad o se sufren trastornos en nuestra personalidad que nos impiden “ser nosotros mismos”.
  • Confiar en el asesoramiento de un counsellor o especialista en procesos de cambio y crecimiento personal cuando se quiere producir un cambio en nuestra vida y todavía no tenemos activados nuestros recursos propios para lograrlo.

Hasta aquí hemos presentado muy esquemáticamente algunas prácticas recomendables para mantener una buena salud mental y desarrollar una vida plena. En sucesivas entradas del blog del Equipo Despliega se desarrollarán más sitemáticamente y con detalle cada una de ellas. No te las pierdas.

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